Ese miedo a no "caer bien"

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Estaba leyendo anoche un libro pequeño, pero lleno de grandes verdades: “Todos deberíamos ser Feministas”, de la escritora Nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie y me llamó mucho la atención uno de sus argumentos en el cual plantea que a las mujeres se nos educa para “caerle bien” a todo el mundo y a raíz de eso vivimos con miedo a no gustarle a alguien, lo que se convierte en una jaula para nuestra auto-expresión.

Plantea situaciones como la de ejecutivas que cuando tienen que liderar conversaciones difíciles con sus sub-alternos, son criticadas por ser demasiado duras, fuertes y masculinas, y si esa conversación o medida de choque es tomada por un hombre, es exaltado por esos mismos sub-alternos, como un líder eficiente que hace lo que tiene que hacer por lograr el bien común, el crecimiento empresarial y el aumento en la productividad.

Y precisamente esta mañana, una amiga muy querida me escribe y me pregunta que porque cuando tiene que tener conversaciones difíciles con su equipo de trabajo al cual dirige, siente un nudo en la garganta y una sensación de malestar físico que la hace sentirse débil y con ganas de salir corriendo. Le hablaba entonces de las palabras de Chimananda y le contaba como me identifico totalmente con esa cultura donde fuimos criadas y educadas para ser respetuosas y cuidadosas de “caer bien”, a costa de nuestra efectividad como lideres, de nuestra productividad profesional e incluso de nuestra felicidad personal.

Esta es quizás una de las razones detrás de todos los atropellos de los que hemos sido víctimas y que se han evidenciado por testimonios como el del movimiento #MeToo. Educadas para “caer bien”, moldeadas por sociedades que ven en ese “ser una niña buena” (a costa de lo que sea), la actitud correcta del comportamiento femenino, y enfrentadas a situaciones en las que a veces, la fuerza de un hombre asertivo nos hace callar, actuar como si estuviéramos de acuerdo y pasar por encima de nosotras mismas, tanto en una negociación de nuestro propio salario, como en permitir situaciones que nos incomodan a nivel personal e incluso intimo.

Mi invitación es a que dejemos de ser víctimas y asumamos una posición de poder, de responsabilidad de nuestra vida y nuestra felicidad. Tendremos que tener muchas conversaciones difíciles en muchos momentos y la forma para romper esos paradigmas y esas conversaciones limitantes que hemos heredado es respirar profundo, sentir que nos amamos a nosotras mismas, llenarnos de Luz y desde ese amor, asumir posiciones de liderazgo, actuar con poder y saber que desde ese poder no solamente nos fortalecemos, sino que fortalecemos a las empresas, instituciones y personas que nos rodean.

El mundo se beneficia cuando no solo las mujeres, sino todos, asumimos el verdadero poder que tenemos y desde el amor, el propio y el amor por aquello que estamos construyendo que es mas grande que nosotros mismos, generamos Luz, mucho mas allá de conversaciones que vienen del ego y terminan en el ego, como “espero caerle bien”.