"Nappily Ever After": Sobre el cabello, la perfección y otras conversaciones heredadas.

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Anoche le propuse a mi esposa que rompiéramos la regla de irnos a la cama temprano en las noches escolares y vieramos la nueva película de Netflix, Nappily Ever After. Tenía tres razones para romper esta regla: la primera es que la película fue producida por Tracey Bing, una querida amiga de la Escuela de Negocios de Harvard, cuyo éxito celebro con todo mi corazón y me hace sonreír al verla brillar. La segunda razón es que había leído una reseña que hizo que el tema de la película fuese realmente intrigante para mí: la exploración de conversaciones heredadas no cuestionadas que limitan nuestra felicidad; y la tercera razón fue realmente mi propia confusión de no saber si se trataba de una película de "pantalla grande" que solo se emitiría en Netflix anoche, lo que para el record no lo es, pero de todos modos, hizo que esa "sensación de urgencia" fuera suficiente para que mi esposa y yo rompiéramos nuestra regla y viésemos la película antes de ir a dormir.

Nappily Ever After puede verse como una divertida película romántica de hoy en día, y proporciona un espacio de relajación y diversión, pero calificarlo como tal sería dejar de lado lo que realmente explora la película: cómo quedamos atrapados en las conversaciones que heredamos de nuestros antepasados, cultura, sociedad y entorno, y que aceptamos como verdades que se convierten en trampas para nuestra propia felicidad, autenticidad y libre expresión. 

En la película, Violet, una joven morena exitosa y hermosa que persigue y lucha con la idea de ser la "mujer perfecta" para que el "hombre perfecto", con la "profesión perfecta" y el buen estado financiero se quiera casar con ella. En su búsqueda de la perfección, tal como la definió e instruyó su madre, Violet lucha con su cabello, el cual, por las conversaciones culturales y la definición de su madre, es sumamente imperfecto y necesita ser arreglado dolorosamente.

El drama del cabello de Violet ha sido un inhibidor en su vida de la diversión, el amor propio y la libertad: desde largas y dolorosas sesiones de fortalecimiento y quema del cabello en la cocina con su madre y un peine calentado en la estufa, hasta picnics donde los niños pueden jugar libremente, ensuciarse y nadar durante horas sin preocuparse por sus apariencias, una piscina que es tan atractiva para ella pero a la que su madre le advierte que no se acerque, para que no se le arruine el cabello, hasta la edad adulta en la que se despierta una hora antes de que su novio lo haga para arreglar su cabello y para que él no tenga que ver su verdadera apariencia cuando abre los ojos y le hace el amor, mientras que ella se estresa si sus expresiones apasionadas dañan el trabajo que ella ha hecho tan cuidadosamente para plancharlo. Sin lugar a dudas, su vida gira en torno a encontrar, ser y lograr la perfección, y uno de los indicadores más importantes es su cabello liso.

Todas estas construcciones sociales, impulsadas en gran medida por Hollywood, las historias de princesas y medios de comunicación con definiciones claras de lo que constituye la belleza, perfección, éxito, felicidad, familia, matrimonio, relaciones, maternidad, crianza de los hijos, los sueños que se deben tener y el fracaso que se debe evitar, son lo que nuestros padres y familiares nos transmiten en la mesa a la hora de la cena, en viajes en automóvil y en cada pequeño momento en que interactuamos con nuestra comunidad. Nos alimentamos con sus temores de no ser suficiente, de no lucir bien, de no lograr lo que es el estándar, y en esos momentos, la Luz en nosotros se aleja lentamente, hasta que nos olvidamos de sonreír desde el corazón, vivir plenamente, ser quienes somos y, ciertamente, siendo ya suficientes tal cual somos.

En la película somos testigos de cómo lucha Violet por no encontrar la "perfección" suficiente, no poder asegurar al marido ideal y comienza a tener una serie de lo que parecen ser eventos muy desafortunados que la llevan lentamente a una catarsis en la que finalmente comienza a explorar y confrontar lo incómoda que ha estado bajo su propia piel y lo poco auténtica que ha sido durante la mayor parte de su vida.

En esos momentos de profunda tristeza, se da cuenta de que ha perdido la noción de quién es realmente, ha perdido la conexión y cómo, sin preocuparse por el cabello, puede comenzar a traer de nuevo a su Ser, experimentando lo que es amarse a si misma por quien es, verdadera, auténtica y totalmente. 

Tal vez no tengas y nunca hayas experimentado una limitación a tu autoexpresión y autenticidad proveniente de tu cabello, no importa. Nappily Ever After no es una película sobre el cabello, o sobre una mujer afroamericana, se trata de todos nosotros y de lo que para cualquiera de nosotros es nuestra limitante, sea el pelo, la perfección u otras conversaciones heredadas que todos tenemos.

¿Cuál es tu conversación limitante heredada? ¿Qué se te ha transmitido que te impide vivir plenamente? ¿Cuál es tu propio "closet" que limita tu autoexpresión y tu felicidad?

La invitación es "afeitarse" o “raparse”, lo que sea que "eso" puede ser para ti, y salir, completamente, a estar verdaderamente vivo y crear tu propia definición de felicidad, no la que compraste o heredaste de conversaciones de tus antepasados.